El mejor regalo que me han hecho: un día de segway en Madrid

Seguro que a muchos de vosotros os regalaron en Navidad cosas como calcetines, corbatas, colonias… cosas de esas que nos regalan a todos los padres.

Pero yo soy un tipo enrollado, o al menos me gusta ir de enrollado. A mis hijos, que aún son jovencitos, les llevo a las actividades más especiales.

Les tuve patinando una tarde entera en la pista de hielo de Navidad y me los llevé disfrazados al estreno de Star Wars. Así que cuando llegaron los Reyes Magos sabía que me esperaba algo especial.

Pero no creía que fuera un tour en segway. Si os soy sincero, la verdad es que no sabía ni siquiera qué era un segway. Los había visto en televisión (en cierta serie de comedia que todos vemos), pero hasta ahora no me había planteado que existiera una empresa como segwaytrip.com que se ocupara de permitirnos probarlos durante unas horas. Me quedé bastante flipado con lo que me pusieron los Reyes e imagino que ellos harían bien en cambiar sus viejos camellos por segways, seguro que así recorrían el mundo con mayor rapidez.

El tour que me habían organizado era el tour gourmet, que incluye dos cosas que me encantan. Por una parte, hacer algo diferente, como es ir en segway. Y por otra parte: comer y beber. Seguro que me entendéis cuando os digo que me lo pasé en grande al realizar la parada de rigor para ponerme fino de ibéricos. El vino también estaba bien bueno, de producción nacional y con ese sabor que siempre encaja bien con los ibéricos. Me puse las botas, todo hay que decirlo, con chorizo, jamón y lomo, entre otras cosas.

Montarse en el segway es moverse a cuerpo de rey. Mi mujer me miraba bastante mal cada vez que le decía que me quería comprar uno para no volver a caminar. Pero es la verdad, si me dejaran, me hubiera llevado el vehículo a casa para no volver a poner los pies en el suelo. Como eso era imposible, y lo sabía, me propuse disfrutar del recorrido de principio a final.

Estuve montando en segway a lo largo de algunos de los sitios más representativos de mi querida Madrid. Me acerqué al Palacio Real para sentirme como un auténtico privilegiado. También estuve en la Catedral de la Almudena y en la Casa de los Lujanes.

Me gustó cómo me miraba la gente con la que me cruzaba, porque era como si dijera “ey, mirarme, yo no camino”. En cualquier caso, tengo que reconocer que ha sido uno de los mejores regalos de mi vida.

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